

Martín
Alonso Frente a la superioridad del FC Barcelona B, repleto de talento
individual y soberbio en el manejo de la pelota para triturar rivales
condenados a perseguir sombras, ayer a la Unión Deportiva Las Palmas
no le quedó otra que tirar de trucos fáciles para resistir en pie en
una jornada en la oficina muy dura. En un partido con mil caras,
transformado en una montaña rusa que el filial azulgrana agitaba
cruelmente a su antojo, un gol de Hernán en el minuto 93 permitió al
conjunto de Sergio Lobera rescatar un punto (3-3). Fue tras un saque de
esquina botado sin mucha ciencia, con un balón colgado al área en
busca de un premio que llegó por una simple cuestión de fe.
Inferior en cuestiones futbolísticas después de que el adversario,
durante muchos minutos, le pintara la cara y tras quedar a merced de
una pandilla de futbolistas tan descarados como talentosos que pudieron
liquidar el encuentro en 25 minutos de juego sublime (del 45 al 70),
la UD Las Palmas encontró convicción interior para igualar dos veces
un resultado adverso. El detalle, tal vez intrascendente en medio de
todas las circunstancias que compusieron el resultado final del duelo,
no es un asunto menor y dice mucho de la plantilla que entrena Sergio
Lobera, un grupo para el que rendirse no parece ser una opción.
La convicción no fue la única buena señal que dejó la UD Las Palmas
en su envite con el Barça B. Con Murillo, Vitolo y Thievy de baja por
sanción varios jugadores aprovecharon la ocasión para levantar la
mano, reclamar un poco de atención y solicitar más presencia en las
alineaciones del técnico aragonés. Fue precisamente Tato, uno de los
jugadores elegidos por Sergio Lobera para recomponer su once titular,
el protagonista en los primeros minutos del partido.
Nada más empezar el encuentro, cinco minutos después del pitido
inicial, Chrisantus habilitó con un buen pase al hueco a Tato para que
la última incorporación de la UD Las Palmas se colara en el área,
dejara en el sitio a Planas con un recorte limpio y transversal y, ya
libre de marca, se citara en duelo con Oier. Ahí, en el arte de rematar
la faena, el chut del delantero salió ligeramente desviado para
alivio del guardameta rival.
El escenario del primer acto, con los planes de ambos equipos
expuestos sobre el césped, parecía satisfacer tanto a la UD Las Palmas
como al Barça B. El conjunto amarillo aparentaba sentirse cómodo sin
la pelota, siempre dispuesto para lanzarse en busca de la portería
contraria a la mínima oportunidad de trazar un contragolpe, mientras
que el filial azulgrana lucía en apariencia como confortable con la
pelota bajo control.
Conexión entre Momo y Tato
En medio de esa aparente rutina, la UD Las Palmas golpeó primero.
Fue en el minuto 20, cuando Momo se descolgó por la banda derecha para
lanzar un pase perfecto que encontró el desmarque de Tato en el
corazón del área. El centro dibujó una parábola perfecta, pero allí,
justo en la zona roja, donde las decisiones de los futbolistas
disparan o devalúan su cotización, Tato se inventó un control que
valió más de medio gol. El delantero murciano, que sustituyó en el
once a Thievy, pinchó la pelota, la bajó al suelo, la orientó y batió a
Oier en un par de movimientos (1-0, min. 5).
El gol envalentonó a la UD Las Palmas, que de golpe se creció. Un
instante después, Chrisantus se buscó las habichuelas por su cuenta
para poner a prueba a Oier, que detuvo con cierto apuro el disparo
desde la frontal del área del atacante nigeriano, casi siempre ajeno al
juego colectivo de su propio equipo, casi siempre melancólico en
ataque y casi siempre presente como un elemento extraño.
Aún así, disperso en su propio mundo, Chrisantus fue el protagonista
de una jugada que pudo finiquitar el partido. En el minuto 42, Momo
volvió a encontrar un hueco por el que enviar otro buen balón al área
desde la banda derecha. Allí, en el segundo palo, apareció el jugador
africano para cabecear y superar al arquero visitante. En una acción
legal, con Macky Chrisantus en posición correcta, el asistente señaló
fuera de juego y Vázquez Figueroa anuló el tanto.
La primera mitad, espesa en juego y rica en gestos y destellos, aún
dio para más. Con las manecillas del reloj clavadas en el minuto 45,
Rafinha dio oxígeno al Barça B tras un saque de esquina. El
centrocampista brasileño batió a Barbosa, de cabeza, tras perder de
vista a su marcador, cruzar el área pequeña y rematar el balón sin
oposición (1-1, min. 45).
El gol del empate y el tiempo de descanso enviaron el partido a otro
ciclo. Y lo que vino después fue una exhibición de talento, de
recursos para jugar al fútbol y para ganarse la vida con la pelota como
herramienta protagonizada por los futbolistas del Barça B. Tras la
reanudación, las circunstancias que impuso el filial azulgrana
organizaron el juego, aunque fue el imprevisto lo que decidió el
resultado.
A partir de ese momento, cuando el árbitro decretó el inicio de la
segunda parte, todo lo pasó dentro de la cancha tenía como origen las
botas de Rafinha. Inmenso en el aspecto físico, capaz de cubrir con
amplitud varias parcelas del campo, el hijo de Mazinho se quedó con la
pelota y empezó a lanzar a sus delantero contra la portería de Mariano
Barbosa.
Por allí, por las inmediaciones del área de la UD, Deulofeu se
dejaba caer para dar siempre sensación de peligro. Cuando podía, el
delantero del Barça B trazaba algún desmarque lleno de mala intención; a
la mínima oportunidad, el máximo goleador de la categoría dibujaba
alguna diablura rodeado de rivales; y al mínimo despiste de la zaga
local, la penúltima perla de la cantera azulgrana soltaba un caño por
aquí, un regate imposible por allí o un cambio de ritmo por allá.
Durante 25 minutos, la UD estuvo condenada a perseguir sombras. Ni
olió la pelota ni tuvo una oportunidad para frenar el vendaval. Todo
sucedía porque quería el Barça B, que bailó al equipo amarillo sin
ningún tipo de respeto, con la insolencia que da el talento y la
juventud. Así, diez minutos después de la reanudación, Luis Alberto se
topó con el palo tras una acción individual que, con todo a favor tras
el rechace, no pudo rematar Joan Román. Poco después, en el minuto
55, el poste repelió otro duro disparo de Rafinha.
El meneo, considerable, se transformó en ventaja en el minuto 70,
cuando Deulofeu, en un palmo de terreno, cambió de ritmo, aceleró y
dejó atrás a Dani Castellano para entrar en el área y, de tiro cruzado,
superó a Mariano Barbosa, que fió toda su suerte a cubrir el palo
corto (1-2, min. 70).
El tanto, y probablemente un ataque de orgullo, espolearon a la UD
Las Palmas, que encontró algo de fuerza en la reserva para presionar
con más energía al Barça B, un rival que por su propia naturaleza es
incapaz de plantearse ni siquiera la posibilidad de replegar líneas,
retroceder metros y trabajar sólo para cerrar el encuentro.
En medio de la ingenuidad azulgrana, Nauzet vio un hueco detrás de
la zaga visitante donde lanzó un balón que cazó Tato. Con el delantero
de la UD lanzado, a Oier sólo le quedó un recurso para frenar la
situación: hacer penalti, una pena máxima que lanzó Nauzet, que paró
Bañuz -sustituto de Oier- y que el propio Nauzet remató con sangre fría
(2-2, min 80).
Roto el encuentro, con el caos como común denominador, Deulofeu no
desaprovechó un error de bulto de Juanpe, que midió mal su salto y un
balón largo, para volver a batir con suficiencia a Barbosa (2-3, min.
87). Después de eso, la UD sólo encontró consuelo en la fe de Hernán. Y
eso, después de sufrir al Barça B, no es poco.